"Mi ángel, mi todo, mi yo… ¿Por qué esa profunda pesadumbre
cuando es la necesidad quien habla? ¿Puede consistir nuestro amor en otra cosa
que en sacrificios, en exigencia de todo y nada? ¿Puedes cambiar el hecho de
que tú no seas eternamente mía y yo eternamente tuyo? ¡Ay Dios! Contempla la
hermosa naturaleza y tranquiliza tu ánimo en presencia de lo inevitable. El
amor exige todo y con pleno derecho: a mí para contigo y a ti para conmigo.
Sólo que olvidas tan fácilmente que yo tengo que vivir para mí y para ti. Si
estuviéramos unidos ni tú ni yo hubiéramos sentido lo doloroso. Mi viaje fue
horrible…
Alégrate, sé mi más fiel y único tesoro, mi todo, como yo para ti. Lo demás que tenga que ocurrir y deba ocurrir con nosotros, los dioses habrán de enviarlo…
Alégrate, sé mi más fiel y único tesoro, mi todo, como yo para ti. Lo demás que tenga que ocurrir y deba ocurrir con nosotros, los dioses habrán de enviarlo…
¡Oh, Dios
mío! ¿Por qué habrá que estar separados, cuando se ama así? Mi vida, lo mismo
aquí que en Viena, está llena de cuitas. Tu amor me ha hecho al mismo tiempo el
ser más feliz y el más desgraciado. A mis años necesitaría ya alguna
uniformidad, alguna normalidad en mi vida. ¿Puede haberla con nuestras
relaciones…? Ángel, acabo de saber que el correo sale todos los días. Y eso me
hace pensar que recibirás la carta enseguida.
Estáte
tranquila. Tan sólo contemplando con tranquilidad nuestra vida alcanzaremos
nuestra meta de vivir juntos. Estáte tranquila, quiéreme. Hoy y ayer ¡cuánto
anhelo y cuantas lágrimas pensando en ti… en ti, mi vida… mi todo! Adios…
¡quiéreme siempre!. No desconfíes jamás del fiel corazón de tu enamorado
Ludwig.
Eternamente
tuyo,
eternamente mía,
eternamente nuestros."
eternamente mía,
eternamente nuestros."
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