Somos esos eternos vagabundos que prefieren ir tocando puerta tras puerta antes que subirse al tren que lleve a destino. Hubo una vez que estuvimos en utopía pero al despertar nos encontramos con el frío de la noche estrellada y ya nada pareció tener sentido. Utopía nunca tendría que haber sido destino, solo debió ser el camino que llevara hacia una meta aún mas grande. Utopía es la desilusión de lo efímero, de la corrompible humanidad de la que somos esclavos. Haber llegado a utopía es lo que nos hace vagabundos. Ya nunca más podremos llegar a ella y ya nunca más encontraremos el camino. Con la excepción de que una de las puerta nos presente un nuevo destino pero para eso hay que seguir golpeandolas.
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