Había imaginado cientos de detalles, había re-editado los planes de una vida calculada, había encuadrado objetivos completamente antagónicos dentro de una misma imagen para lograr que al rompecabezas ninguna pieza le faltara. Y cuando la formula parecía perfecta, cuando ya había remplazado años de razón y auto-convencimiento con un fundamento de coherencia lógica, caí en cuenta de que estaba jugando sola un juego ideado para dos. Todo debía nuevamente replantearse, había que volver a empezar...

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