Se que no te encontrare en el guiso de mamá,
en el vespertino mate que acompaña las charlas,
en la esquina donde se juntan los pibes del barrio,
en los antiguos tangos madrugadores,
en el inmenso mar de mis miedos y fobias.
No habrá forma alguna de acercarte,
de invitarte a ser parte de mis emociones,
de las cotidianas anécdotas,
de las inmensas tristezas,
de las suculentas alegrías,
de los eternos desencantos.
No podré pedirte el consejo adecuado,
ni la palabra justa o el abrazo querido.
Tendrás siempre la perfecta ubicuidad del
escritor que no es parte de la historia
pero que bien ha creado a sus personajes.
Tendré yo siempre esta ausencia,
este pedido desesperado,
este por qué carcomiendome los huesos.
Cuanto sentir encontrado..
ResponderEliminarQue bueno que volviste!