Con que burda gracia vamos remplazando los antiguos tesoros,
quitandoles esa mística centenaria que nos precede.
¿Dónde quedan los olores de los libros viejos?
¿Dónde se tiran las cartas con remitentes y destinatarios?
¿Dónde encontrar sucias tabernas con mozos bien prolijos
y vinilos girando una y otra vez?
Que se acabe por favor este afán del engañoso progreso
o que nos metan en una burbuja a nosotros:
los anacrónicos llenos de nostalgias.
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