Hace tiempo descubrí que la escritura, para mi, solo podría darse bajo los efectos de las tristezas. No es que no tuviera nada que decir. Ya había descubierto para ese entonces que mucho era lo que tenía para expresar. Solo que el arte de las palabras se me da mejor con la oratoria. Tal vez porque una vez que la voz expulsa las palabras ya no hay forma de devolverlas y con la escritura pasa lo contrario. Uno puede leer y releerse, y... hasta en un punto llegar a odiar lo que ha escrito.

1 comentario:

  1. Hola acabo de pasar horas y horas leyendo tu blog. Agradezco este rato de compañia

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Interpretaciones ajenas