Uno de los dos debía ser el culpable,
uno tenía que asumir el compromiso
de ser el hiriente para que exista el herido.

¿Es mas reconfortante no cargar la culpa?
¿Hay felicidad en el inerte o acaso tranquilidad?
¿Se disipa el dolor castigando los errores?

No importa, solo una pregunta resuena en el vacio
Y ninguna respuesta basta para callar
la voz de la conciencia atormentada.

Se escapa el amor como un discurso
ya aprehendido de colegio.
Y no basta con ser el herido o el hiriente

Con  insistencia resuena el ¿Por qué?
mientras cada homo sapiens saca el puñal
que se le incrusto con total impunidad.

Darse la espalda, mirarse a los ojos, besarse,
odiarse, insultarse hasta reír, llorar
hasta dormir. Todo eso hasta que surga
el perdón o el olvido.
Y sin embargo ¿Por qué?
No importa.


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